domingo, 21 de marzo de 2010

¡Tierra y libertad!


¡Tierra y Libertad! Grito que tiene profundas raíces libertarias. Aparece y reaparece reiteradamente a través de la historia en las luchas en todo el mundo. Trazar su evolución bien podría ser el objetivo de una tesis de doctorado. Tierra y libertad era también la consigna del Ejercito Liberador del Sur. Ahora, cuando se cumplen 100 años del inicio de la revolución mexicana, bien vale la pena meditar un poco en su significado.
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La revolución agraria impulsada por Zapata, claramente expresada en el Plan Ayala, tiene profundos elementos del pensamiento de Ricardo Flores Magón. Zapata nunca aspiro al poder, solo busco liberar a los campesinos del sistema de esclavitud en el cual Porfirio Díaz los había sumergido. Traicionado en múltiples ocasiones por lideres hambrientos de poder, Zapata se vio obligado a continuar hasta la muerte la lucha por la Tierra y Libertad.
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Cien años después, la lucha continua. La Vía Campesina Internacional grita: ¡¡¡Reforma agraria, justa y necesaria!!!. Esta es, sin lugar a dudas, parte de nuestra lucha. Peter Rosset* ha reflexionado que, “para hacer Agroecología, primero es necesario tener la tierra en donde realizarla”. La tierra está concentrada en pocas manos, acaparada por personas que solo buscan beneficios económicos en el corto plazo, sordos ante las consecuencias sociales y ambientales de sus acciones.
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Los campesinos dispuestos a llevar a cabo la revolución agroecológica, han sido relegados (en los mejores casos) a las peores tierras. En realidad, la mayoría han sido obligados a convertirse en obreros agrícolas. De esta manera, son despojados continuamente del fruto de su trabajo por el sistema de explotación. Esta es la razón por la cual el grito de Tierra y Libertad sigue estando vigente aun después de un siglo.
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Muchos proyectos de revolución han intentado llevar a cabo reformas agrarias, la mayoría han fracasado. Todos los intentos fallidos tienen un factor común, se han realizado de forma centralizada. En estos casos, el Estado arrebata las tierras de los latifundistas y las concentra en su poder. Luego, se planifica su uso en claustros que excluyen la voz de los campesinos. En estos casos, lejos de liberar a los campesinos, se los lleva al extremo de la alienación.
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Sin embargo, perversiones mayores son posibles. Un proceso de reforma agraria mal ejecutado, puede transformar a los campesinos en mendigos. Cuando una elite enajena a los campesinos de sus luchas, todo el proceso se desvirtúa. Esa es, en buena parte, la razón del fracaso de la lucha por la tierra en Venezuela. Esta se ha llevado a cabo de arriba hacia abajo. Se ha realizado sin la fuerza emancipadora de un movimiento campesino libertario. Ha sido realizada por burócratas. Mas aun, en las situaciones en donde las contradicciones han llevado a los campesinos a desobedecer las reglas del sistema, el centralismo les ha reprimido.
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Esta situación ha convencido a los campesinos que su papel se limita a un apoyo incondicional, irracional, a cualquier política pública. No importa que no hallan sido consultados, su papel es simplemente apoyar. De esta misma manera, los campesinos se han convencido de que tienen el derecho a ser mantenidos por el estado. Ese es el precio de su apoyo. Ese es también es el precio del fracaso.
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Sin embargo, Brasil muestra la dimensión de nuestro fracaso. Traicionado por Lula, fuertemente reprimido por el gobierno en todos sus niveles jerárquicos, sin financiamiento, en desventaja, el MST ha logrado lo impensable, la revolución agraria. Tomar, resistir y producir dicen los Sin Tierra. Un movimiento campesino ha logrado lo que ningún gobierno a podido. En el camino han creado colegios, universidades, tecnologías, conceptos, paradigmas y sobre todo…libertad.
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¡México vive!
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En lo profundo de la selva Lacandona, los caracoles demuestran que se puede gobernar obedeciendo, en juntas del buen gobierno. No es casual que las zonas autónomas zapatistas hallan asumido la Agroecología. La abolición de las jerarquías, la autogestión y la libertad son valores intrínsicos a la Agroecología. La unión entre las luchas emancipadoras campesinas y la Agroecología se encuentra en el concepto de Soberanía Agroalimentaría.
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Tal vez el grito de Tierra y Libertad sea un grito de negación, en el sentido propuesto por John Holloway en el libro Como Cambiar el Mundo sin Tomar el Poder (2005). Tal vez sea esta la razón, por la cual en la Selva Lacandona, se escucha el grito que dice: ¡¡¡Zapata Vive, La Lucha Sigue!!!
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*Reflección efectuada por Peter Rosset en una entrevista realizada en el marco del “Primer Encuentro Latinoamericano de Formadores de Agroecologia”, de la Vía Campesina, llevado a cabo en el IALA Paulo Freire en agosto 2009.