jueves, 10 de septiembre de 2009
domingo, 6 de septiembre de 2009
Desierto verde

La idea de un desierto verde es una imagen que siempre me ha cautivado. Es una idea poderosa y cierta, perfecta para convertirse en el eslogan de una campaña de activismo ecológico. Esa imagen se la debemos al movimiento contra los monocultivos de árboles. La idea captura dos hechos fundamentales de los monocultivos, son verdes por que presentan árboles, pero también son desiertos por que contienen una biodiversidad sumamente disminuida.
Estos desiertos verdes son promocionados como sumideros de carbono o como fuentes de agrocombustibles, pero en realidad no son mas que otra manifestación de un modo de pensar que ha sido responsable de la perdida de suelos y biodiversidad.
El próximo 21 de septiembre se celebrara el Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles, en esa fecha se desarrollarán alrededor del mundo actividades en oposición a la expansión de los desiertos verdes. Como parte de la campaña en contra de los monocultivos de árboles, un conjunto de organizaciones (e.g., Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, Salva la Selva, Rede Alerta contra o Deserto Verde) han escrito una declaración en contra de los desiertos verdes. Esta declaración será ampliamente distribuida y se espera contar con el apoyo de la mayor cantidad de personas posible. A continuación transcribo la declaración en contra de los desiertos verdes, si deseas apoyar esta iniciativa escribe a la siguiente dirección (21sept@wrm.org.uy) incluyendo tu nombre, organización y país.
Declaración Internacional: ¡Detengan la expansión de los monocultivos de árboles!
En todas partes del mundo, millones de hectáreas de tierra productiva están siendo rápidamente convertidas en desiertos verdes presentados bajo el disfraz de “bosques”. Las comunidades locales son desplazadas para dar lugar a interminables filas de árboles idénticos – eucalipto, pino, palma aceitera, caucho, jatrofa y otras especies – que desplazan de la zona a casi toda otra forma de vida. La tierra cultivable, crucial para la soberanía alimentaria de las comunidades locales, es convertida en monocultivos de árboles que producen materias primas para exportación. Los recursos hídricos son contaminados y agotados por las plantaciones, al tiempo que los suelos se degradan. Las violaciones a los derechos humanos son moneda corriente, y van desde la pérdida de los medios de vida y el desplazamiento hasta la represión e incluso casos de tortura y muerte. Si bien las comunidades sufren en su conjunto, las plantaciones tienen impactos diferenciados de género, siendo las mujeres las más afectadas.

A pesar de toda la evidencia disponible acerca de los impactos sociales y ambientales de estos monocultivos en países como Brasil, Sudáfrica, Estados Unidos, Indonesia, Malasia, Camboya, Colombia y España, siguen siendo promovidas por una coalición de actores que van desde la FAO hasta las agencias bilaterales, desde el Foro de las Naciones Unidas sobre Bosques hasta los gobiernos nacionales, desde empresas consultoras hasta bancos privados y de desarrollo.

El motivo real detrás de las acciones de estos actores es simple: apropiarse de la tierra de la gente para que empresas de celulosa y papel, madera, caucho, palma aceitera y, recientemente, también biochar (*), puedan acceder a mayor cantidad de materias primas más baratas para aumentar aun más sus ganancias. El sobre-consumo despilfarrador de los productos de estas plantaciones por parte las naciones del próspero Norte tiene mucho que ver con su expansión creciente.

En respuesta a la publicidad adversa sobre los impactos de las plantaciones de árboles, las empresas han recurrido al uso de mecanismos de certificación, como el FSC, el PEFC, la SFI y la RSPO (**), los cuales les proporcionan credenciales “ecológicas” falsas que les permiten seguir con sus negocios de siempre.

El problema se ha agravado aún más con la llegada de nuevos actores del sector empresarial que apuntan a obtener beneficios del cambio climático, promoviendo falsas soluciones a través del establecimiento de las llamadas plantaciones para “sumideros de carbono”, la promoción de los agrocombustibles – agrodiésel y etanol de madera – y la introducción de árboles genéticamente modificados.

Sin embargo, los planes de las empresas se enfrentan a una oposición creciente. En país tras país, la gente se levanta para oponerse a la expansión de las plantaciones de árboles y un movimiento mundial ha crecido a lo largo de los años, unificando las numerosas luchas locales y ayudando a hacerse oír a quienes sufren por causa de las plantaciones.

En este Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles 2009, el mensaje es fuerte y claro: Las plantaciones no son bosques: ¡detengan la expansión de los monocultivos de árboles!
(*) Biochar: carbón que sería enterrado en el suelo, donde se supone serviría como fertilizante y como depósito de carbono.
(**) FSC (Consejo de Administración Forestal), PEFC (Programa para Avalar Esquemas de Certificación Forestal), SFI (Iniciativa Forestal Sostenible), RSPO (Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible)
Estos desiertos verdes son promocionados como sumideros de carbono o como fuentes de agrocombustibles, pero en realidad no son mas que otra manifestación de un modo de pensar que ha sido responsable de la perdida de suelos y biodiversidad.
El próximo 21 de septiembre se celebrara el Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles, en esa fecha se desarrollarán alrededor del mundo actividades en oposición a la expansión de los desiertos verdes. Como parte de la campaña en contra de los monocultivos de árboles, un conjunto de organizaciones (e.g., Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, Salva la Selva, Rede Alerta contra o Deserto Verde) han escrito una declaración en contra de los desiertos verdes. Esta declaración será ampliamente distribuida y se espera contar con el apoyo de la mayor cantidad de personas posible. A continuación transcribo la declaración en contra de los desiertos verdes, si deseas apoyar esta iniciativa escribe a la siguiente dirección (21sept@wrm.org.uy) incluyendo tu nombre, organización y país.
Declaración Internacional: ¡Detengan la expansión de los monocultivos de árboles!
En todas partes del mundo, millones de hectáreas de tierra productiva están siendo rápidamente convertidas en desiertos verdes presentados bajo el disfraz de “bosques”. Las comunidades locales son desplazadas para dar lugar a interminables filas de árboles idénticos – eucalipto, pino, palma aceitera, caucho, jatrofa y otras especies – que desplazan de la zona a casi toda otra forma de vida. La tierra cultivable, crucial para la soberanía alimentaria de las comunidades locales, es convertida en monocultivos de árboles que producen materias primas para exportación. Los recursos hídricos son contaminados y agotados por las plantaciones, al tiempo que los suelos se degradan. Las violaciones a los derechos humanos son moneda corriente, y van desde la pérdida de los medios de vida y el desplazamiento hasta la represión e incluso casos de tortura y muerte. Si bien las comunidades sufren en su conjunto, las plantaciones tienen impactos diferenciados de género, siendo las mujeres las más afectadas.

A pesar de toda la evidencia disponible acerca de los impactos sociales y ambientales de estos monocultivos en países como Brasil, Sudáfrica, Estados Unidos, Indonesia, Malasia, Camboya, Colombia y España, siguen siendo promovidas por una coalición de actores que van desde la FAO hasta las agencias bilaterales, desde el Foro de las Naciones Unidas sobre Bosques hasta los gobiernos nacionales, desde empresas consultoras hasta bancos privados y de desarrollo.

El motivo real detrás de las acciones de estos actores es simple: apropiarse de la tierra de la gente para que empresas de celulosa y papel, madera, caucho, palma aceitera y, recientemente, también biochar (*), puedan acceder a mayor cantidad de materias primas más baratas para aumentar aun más sus ganancias. El sobre-consumo despilfarrador de los productos de estas plantaciones por parte las naciones del próspero Norte tiene mucho que ver con su expansión creciente.

En respuesta a la publicidad adversa sobre los impactos de las plantaciones de árboles, las empresas han recurrido al uso de mecanismos de certificación, como el FSC, el PEFC, la SFI y la RSPO (**), los cuales les proporcionan credenciales “ecológicas” falsas que les permiten seguir con sus negocios de siempre.

El problema se ha agravado aún más con la llegada de nuevos actores del sector empresarial que apuntan a obtener beneficios del cambio climático, promoviendo falsas soluciones a través del establecimiento de las llamadas plantaciones para “sumideros de carbono”, la promoción de los agrocombustibles – agrodiésel y etanol de madera – y la introducción de árboles genéticamente modificados.

Sin embargo, los planes de las empresas se enfrentan a una oposición creciente. En país tras país, la gente se levanta para oponerse a la expansión de las plantaciones de árboles y un movimiento mundial ha crecido a lo largo de los años, unificando las numerosas luchas locales y ayudando a hacerse oír a quienes sufren por causa de las plantaciones.

En este Día Internacional Contra los Monocultivos de Árboles 2009, el mensaje es fuerte y claro: Las plantaciones no son bosques: ¡detengan la expansión de los monocultivos de árboles!
(*) Biochar: carbón que sería enterrado en el suelo, donde se supone serviría como fertilizante y como depósito de carbono.
(**) FSC (Consejo de Administración Forestal), PEFC (Programa para Avalar Esquemas de Certificación Forestal), SFI (Iniciativa Forestal Sostenible), RSPO (Mesa Redonda de Aceite de Palma Sostenible)
viernes, 4 de septiembre de 2009
Planeta Hambriento
Diego Griffon B.
En este post voy a hacer un pequeño comentario sobre un interesante libro de fotografías que llego a mis manos, el libro se titula Planeta Hambriento (Hungry Planet, 2007) y fue realizado por Peter Menzel.
Menzel es un fotógrafo independiente que ha publicado trabajos en revistas como National Geographic, Forbes, Fortune, Time. Menzel se hizo popular gracias a su anterior best-seller Mundo material: retrato familiar global.
Planeta Hambriento muestra retratos fotográficos de 30 familias de diferentes países del mundo (e.g., Bosnia, Chad, Egipto, Groenlandia, Japón, Estados Unidos y Francia). En la fotografías, las familias se presentan rodeadas de los comestibles que consumen en una semana.
Las imágenes mostradas en el libro son sorprendentes, tanto por las abrumadoras desigualdades como por las insólitas similitudes (e.g., el consumo de Coca-Cola). A continuación se presentan algunas de las imágenes del libro, ordenadas de manera descendente de acuerdo al precio de los alimentos consumidos.
ALEMANIA : $500,07 / semana
USA (Carolina del Norte) : 346$ / semana
JAPON : $317,25 / semana
ITALIA (Sicilia) : $260,11 / semana
INGLATERRA : $253,15 / semana
KUWAIT: $221,45 / semana
MEXICO: $189,09 / semana
USA (California) $159,18 / semana
CHINA(Pekin): $155,06 / semana
POLONIA: $151,27 / semana
EGIPTO: $68,53 / semana
MONGOLIA: $40,02 / semana
ECUADOR: $31,55 / semana
NEPAL : $5,03 / semana
CHAD: $1,62 / semana
En este post voy a hacer un pequeño comentario sobre un interesante libro de fotografías que llego a mis manos, el libro se titula Planeta Hambriento (Hungry Planet, 2007) y fue realizado por Peter Menzel.
Menzel es un fotógrafo independiente que ha publicado trabajos en revistas como National Geographic, Forbes, Fortune, Time. Menzel se hizo popular gracias a su anterior best-seller Mundo material: retrato familiar global.
Planeta Hambriento muestra retratos fotográficos de 30 familias de diferentes países del mundo (e.g., Bosnia, Chad, Egipto, Groenlandia, Japón, Estados Unidos y Francia). En la fotografías, las familias se presentan rodeadas de los comestibles que consumen en una semana.
Las imágenes mostradas en el libro son sorprendentes, tanto por las abrumadoras desigualdades como por las insólitas similitudes (e.g., el consumo de Coca-Cola). A continuación se presentan algunas de las imágenes del libro, ordenadas de manera descendente de acuerdo al precio de los alimentos consumidos.
ALEMANIA : $500,07 / semana
USA (Carolina del Norte) : 346$ / semana
JAPON : $317,25 / semana
ITALIA (Sicilia) : $260,11 / semana
INGLATERRA : $253,15 / semana
KUWAIT: $221,45 / semana
MEXICO: $189,09 / semana
USA (California) $159,18 / semana
CHINA(Pekin): $155,06 / semana
POLONIA: $151,27 / semana
EGIPTO: $68,53 / semana
MONGOLIA: $40,02 / semana
ECUADOR: $31,55 / semana
NEPAL : $5,03 / semana
CHAD: $1,62 / semana jueves, 3 de septiembre de 2009
sábado, 29 de agosto de 2009
HOME
HOME es un excelente documental realizado por Yann Arthus-Bertrand (director de la fundación GoodPlanet) y producido por Luc Besson. Tal vez algunos se recuerden de Arthus-Bertrand por su sorprendente y muy reconocida exposición itinerante de fotografías titulada “La Tierra Vista Desde el Cielo”.HOME esta enteramente compuesto de fotografías aéreas de diversos lugares del mundo y muestra algunos de los mayores riesgos que enfrenta la biosfera. Sin embargo, no deja de ser una ironía, que la película haya sido realizada mediante el patrocinio de grandes compañías transnacionales, todas culpables de producir graves perjuicios al ambiente.
Sin lugar a dudas, el mayor atractivo de este documental se encuentra en la extraordinaria belleza de sus imágenes, muchas de las cuales parecieran tomadas de otro mundo. La película puede ser vista (en idioma castellano) en el siguiente VINCULO.
domingo, 9 de agosto de 2009
Rememorando a Alexander Chayamov
Diego Griffon B.


All the king's horses,
And all the king's men,
Couldn't put Humpty together again.
¿Quien será capaz de arreglar los destrozos que nuestras acciones producen? ¿Es posible realmente remediar este desastre? ¿Durante cuanto tiempo debemos seguir equivocándonos antes de corregir los errores?
En este post voy a comentar sobre una desventura ocurrida en un lugar de Venezuela de cuyo nombre no quiero acordarme, anécdota que lamentablemente involucra a uno de nuestros grupos indígenas: Los Hiwi. Este grupo, es uno de los más numerosos en la región fronteriza entre Colombia y Venezuela. En Venezuela, las mayores densidades de la etnia Hiwi se encuentran en los estados Amazonas, Apure y Bolívar (Núñez, 2008).
El sistema de cultivo de la etnia Hiwi es conocido como conuco. El conuco es un sistema de agricultura itinerante de roza y quema. En Venezuela, este sistema de producción ancestral es considerado patrimonio nacional y esta protegido por diversas leyes. La etnia Hiwi se caracteriza por realizar dos tipos de conucos, los familiares y los comunitarios (Martínez, 2008).
En particular, les quiero comentar sobre los resultados de un trabajo que realizamos un grupo de compañeros, con el objetivo de evaluar la sustentabilidad de los conucos comunitarios de la etnia Hiwi. Los conucos comunitarios son manejados de manera colectiva por todos los miembros de la comunidad indígena. Estos conucos típicamente comprenden un área de cultivo de aproximadamente 7 ha y se caracterizan por presentar asociaciones de diversos cultivos tradicionales (e.g., Manihot esculenta, Capsicum annum, Zea mays, Ananas comosus). El conuco Hiwi generalmente permanece en producción durante un período de 2 a 3 años, luego de lo cual es dejado en barbecho de 10 a 15 años (Núñez, 2008). Los conucos característicamente se realizan en bosques de galería, en áreas que son desforestadas específicamente con este fin.
Como todos conocemos, en los actuales momentos, en Venezuela se realiza un fuerte programa de desarrollo rural promovido por el gobierno nacional. Este programa, entre otras cosas, contempla la asignación de importantes cantidades de dinero mediante créditos agrícolas a las comunidades rurales. El objetivo de este trabajo fue evaluar el efecto de la asignación de uno de estos créditos en la sustentabilidad del sistema de producción comunitario Hiwi.
Para realizar los diagnósticos efectuados en este trabajo se utilizó la metodología MESMIS (Masera et al., 1999). Para la evaluación se escogieron 4 indicadores por cada una de las 3 dimensiones de la sustentabilidad, es decir se utilizo un total de 12 indicadores. Los indicadores seleccionados fueron (i) Dimensión ambiental: Agrobiodiversidad, Fertilidad del suelo, Acceso al agua, Conservación de los recursos naturales. (ii) Dimensión social: Equidad en la toma de decisiones, Distribución del ingreso, Nivel de participación comunitaria, Autosuficiencia alimentaria. (iii) Dimensión económica: Eficiencia en el sistema productivo, Nivel de ingresos, Nivel de uso de la tierra, Independencia de insumos externos.
El intervalo de tiempo durante el cual se realizó este trabajo contempla la etapa inmediatamente anterior a la asignación del crédito y los primeros 6 meses luego de la asignación del crédito. En este período de tiempo se efectuaron dos diagnósticos, el primer diagnóstico se efectuó con antelación al otorgamiento del crédito, el segundo se realizó 6 meses después del otorgamiento del crédito. Los resultados obtenidos en los diagnósticos están resumidos en los diagramas tipo ameba presentados en las Figuras 1 y 2.

Figura 1. Sustentabilidad antes de la entrega del crédito.

Figura 2.Sustentabilidad luego de la entrega del crédito.
Comparando los resultados de los diagnósticos efectuados antes y después de la entrega del crédito, se puede apreciar claramente el marcado efecto negativo que sobre la sustentabilidad del sistema de producción tuvo la asignación del crédito. Es importante resaltar, que el efecto negativo del crédito se puede apreciar en todos los componentes de la sustentabilidad (i.e., ambiental, social y económico).
Sin lugar a dudas, este es un resultado inesperado y resulta evidentemente contradictorio que el efecto de una acción concebida para mejorar la calidad de vida, resulte en su deterioro. Indudablemente, este resultado no tiene una interpretación simple y plantea grandes dudas sobre este tipo de aproximaciones al “desarrollo rural”.
Desde nuestro punto de vista, este resultado puede ser interpretado contrastando las racionalidades propias de la Economía Capitalista y de la Economía Campesina. La noción de Economía Campesina fue desarrollada por Alexander Chayanov, quien la caracterizó como una forma de producción familiar que utiliza productivamente el conjunto de la fuerza de trabajo familiar y los recursos naturales, sociales y financieros, para garantizar la subsistencia de la unidad familiar (López y López, 2003). La característica central de esta economía, es que el fin último del proceso económico es la reproducción en el tiempo del sistema y no la obtención de una tasa ganancia incrementada (Chayanov, 1985). Por lo tanto, la Economía Campesina se opone a la Economía Capitalista, cuyo objetivo es la reproducción ampliada del capital.
Múltiples características del sistema de producción Hiwi tradicional lo aproximan a la racionalidad característica de la Economía Campesina. Entre los Hiwi, la organización de la producción se sustenta en cálculos subjetivos de la cantidad de mano de obra necesaria para suplir los requisitos del consumo familiar. En este grupo, la superficie de tierra utilizada, esta determinada por la necesidades de los miembros de la comunidad y no por un afán de lucro. De esta manera, podemos apreciar que la racionalidad Hiwi tradicional esta muy alejada de la racionalidad de la Economía Capitalista. Sin embargo, al otorgarse el crédito, esta circunstancia cambio abruptamente. En la nueva situación, algunos de los miembros de la comunidad asumieron el rol de administradores del crédito y empezaron a tomar decisiones sin consultar al resto de la comunidad. En términos generales, el dinero del crédito fue utilizado para fines diferentes a la producción agrícola, la cual fue en gran medida abandonada. Cuando, por mandato del ente otorgador del crédito, parte del dinero se invirtió en la producción agrícola, esta se realizó de una manera diferente de la tradicional.
Tal vez, el efecto del otorgamiento del crédito sobre la comunidad fue propiciar un cambio en la racionalidad de sus miembros. Cambio ocurrido desde una racionalidad acorde con la Economía Campesina, a otra cónsona con la racionalidad capitalista. Si este razonamiento es válido, deberíamos valorar los resultados de las acciones desarrolladas por los entes gubernamentales. ¿Es el objetivo de estas acciones transformar sistemas de vida no capitalista en sistemas capitalistas? La respuesta es evidentemente negativa, por lo tanto estas aproximaciones al “desarrollo rural” deben ser reevaluadas y ajustadas. Debe quedar claro, que bajo ningún respecto, estamos abogando por que se acaben las ayudas que el estado esta obligado a brindar a las comunidades rurales, simplemente queremos señalar que cuando estas acciones son realzadas de una manera irresponsable, pueden traer mas perjuicios que beneficios. Perjuicios, que como lo muestra este trabajo, se pueden manifestar de una manera muy veloz.
Nota: El trabajo de investigación sobre el cual se fundamenta este post fue realizado en colaboración con Fernando Núñez, Pedro Martines, Dayaleth Alfonzo, Raúl Alban, todos del P.FG. en Agroecología-UBV.
Referencias
Chayanov, A. V. 1925: La organización de la unidad económica campesina. 1985. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.
López, D. y López, J. A. Con la comida no se juega. Alternativas autogestionarias a la globalización capitalista. 2003.Traficantes de sueños movimiento.
Martines, P. Estudio comparativo mediante índices de sustentabilidad agroecológica en tres comunidades indígenas del Municipio Atures - Estado Amazonas. 2008. Tesis de grado TSU, PFG en agroecología-UBV.
Masera, O. Astier, M. y López- Ridaura, S. Sustentabilidad y manejo de recursos naturales. El marco de evaluación MESMIS. 1999. Mundi-Prensa, GIRA, UNAM, México, D.F. 160 p.
Núñez, F. Sistematización de las características agroecológicas de los conucos indígenas de las etnias Piaroa, Hiwi y Curripaco. 2008. Tesis de grado TSU, PFG en agroecología-UBV.
And all the king's men,
Couldn't put Humpty together again.
¿Quien será capaz de arreglar los destrozos que nuestras acciones producen? ¿Es posible realmente remediar este desastre? ¿Durante cuanto tiempo debemos seguir equivocándonos antes de corregir los errores?
En este post voy a comentar sobre una desventura ocurrida en un lugar de Venezuela de cuyo nombre no quiero acordarme, anécdota que lamentablemente involucra a uno de nuestros grupos indígenas: Los Hiwi. Este grupo, es uno de los más numerosos en la región fronteriza entre Colombia y Venezuela. En Venezuela, las mayores densidades de la etnia Hiwi se encuentran en los estados Amazonas, Apure y Bolívar (Núñez, 2008).
El sistema de cultivo de la etnia Hiwi es conocido como conuco. El conuco es un sistema de agricultura itinerante de roza y quema. En Venezuela, este sistema de producción ancestral es considerado patrimonio nacional y esta protegido por diversas leyes. La etnia Hiwi se caracteriza por realizar dos tipos de conucos, los familiares y los comunitarios (Martínez, 2008).
En particular, les quiero comentar sobre los resultados de un trabajo que realizamos un grupo de compañeros, con el objetivo de evaluar la sustentabilidad de los conucos comunitarios de la etnia Hiwi. Los conucos comunitarios son manejados de manera colectiva por todos los miembros de la comunidad indígena. Estos conucos típicamente comprenden un área de cultivo de aproximadamente 7 ha y se caracterizan por presentar asociaciones de diversos cultivos tradicionales (e.g., Manihot esculenta, Capsicum annum, Zea mays, Ananas comosus). El conuco Hiwi generalmente permanece en producción durante un período de 2 a 3 años, luego de lo cual es dejado en barbecho de 10 a 15 años (Núñez, 2008). Los conucos característicamente se realizan en bosques de galería, en áreas que son desforestadas específicamente con este fin.
Como todos conocemos, en los actuales momentos, en Venezuela se realiza un fuerte programa de desarrollo rural promovido por el gobierno nacional. Este programa, entre otras cosas, contempla la asignación de importantes cantidades de dinero mediante créditos agrícolas a las comunidades rurales. El objetivo de este trabajo fue evaluar el efecto de la asignación de uno de estos créditos en la sustentabilidad del sistema de producción comunitario Hiwi.
Para realizar los diagnósticos efectuados en este trabajo se utilizó la metodología MESMIS (Masera et al., 1999). Para la evaluación se escogieron 4 indicadores por cada una de las 3 dimensiones de la sustentabilidad, es decir se utilizo un total de 12 indicadores. Los indicadores seleccionados fueron (i) Dimensión ambiental: Agrobiodiversidad, Fertilidad del suelo, Acceso al agua, Conservación de los recursos naturales. (ii) Dimensión social: Equidad en la toma de decisiones, Distribución del ingreso, Nivel de participación comunitaria, Autosuficiencia alimentaria. (iii) Dimensión económica: Eficiencia en el sistema productivo, Nivel de ingresos, Nivel de uso de la tierra, Independencia de insumos externos.
El intervalo de tiempo durante el cual se realizó este trabajo contempla la etapa inmediatamente anterior a la asignación del crédito y los primeros 6 meses luego de la asignación del crédito. En este período de tiempo se efectuaron dos diagnósticos, el primer diagnóstico se efectuó con antelación al otorgamiento del crédito, el segundo se realizó 6 meses después del otorgamiento del crédito. Los resultados obtenidos en los diagnósticos están resumidos en los diagramas tipo ameba presentados en las Figuras 1 y 2.

Figura 1. Sustentabilidad antes de la entrega del crédito.

Figura 2.Sustentabilidad luego de la entrega del crédito.
Comparando los resultados de los diagnósticos efectuados antes y después de la entrega del crédito, se puede apreciar claramente el marcado efecto negativo que sobre la sustentabilidad del sistema de producción tuvo la asignación del crédito. Es importante resaltar, que el efecto negativo del crédito se puede apreciar en todos los componentes de la sustentabilidad (i.e., ambiental, social y económico).
Sin lugar a dudas, este es un resultado inesperado y resulta evidentemente contradictorio que el efecto de una acción concebida para mejorar la calidad de vida, resulte en su deterioro. Indudablemente, este resultado no tiene una interpretación simple y plantea grandes dudas sobre este tipo de aproximaciones al “desarrollo rural”.
Desde nuestro punto de vista, este resultado puede ser interpretado contrastando las racionalidades propias de la Economía Capitalista y de la Economía Campesina. La noción de Economía Campesina fue desarrollada por Alexander Chayanov, quien la caracterizó como una forma de producción familiar que utiliza productivamente el conjunto de la fuerza de trabajo familiar y los recursos naturales, sociales y financieros, para garantizar la subsistencia de la unidad familiar (López y López, 2003). La característica central de esta economía, es que el fin último del proceso económico es la reproducción en el tiempo del sistema y no la obtención de una tasa ganancia incrementada (Chayanov, 1985). Por lo tanto, la Economía Campesina se opone a la Economía Capitalista, cuyo objetivo es la reproducción ampliada del capital.
Múltiples características del sistema de producción Hiwi tradicional lo aproximan a la racionalidad característica de la Economía Campesina. Entre los Hiwi, la organización de la producción se sustenta en cálculos subjetivos de la cantidad de mano de obra necesaria para suplir los requisitos del consumo familiar. En este grupo, la superficie de tierra utilizada, esta determinada por la necesidades de los miembros de la comunidad y no por un afán de lucro. De esta manera, podemos apreciar que la racionalidad Hiwi tradicional esta muy alejada de la racionalidad de la Economía Capitalista. Sin embargo, al otorgarse el crédito, esta circunstancia cambio abruptamente. En la nueva situación, algunos de los miembros de la comunidad asumieron el rol de administradores del crédito y empezaron a tomar decisiones sin consultar al resto de la comunidad. En términos generales, el dinero del crédito fue utilizado para fines diferentes a la producción agrícola, la cual fue en gran medida abandonada. Cuando, por mandato del ente otorgador del crédito, parte del dinero se invirtió en la producción agrícola, esta se realizó de una manera diferente de la tradicional.
Tal vez, el efecto del otorgamiento del crédito sobre la comunidad fue propiciar un cambio en la racionalidad de sus miembros. Cambio ocurrido desde una racionalidad acorde con la Economía Campesina, a otra cónsona con la racionalidad capitalista. Si este razonamiento es válido, deberíamos valorar los resultados de las acciones desarrolladas por los entes gubernamentales. ¿Es el objetivo de estas acciones transformar sistemas de vida no capitalista en sistemas capitalistas? La respuesta es evidentemente negativa, por lo tanto estas aproximaciones al “desarrollo rural” deben ser reevaluadas y ajustadas. Debe quedar claro, que bajo ningún respecto, estamos abogando por que se acaben las ayudas que el estado esta obligado a brindar a las comunidades rurales, simplemente queremos señalar que cuando estas acciones son realzadas de una manera irresponsable, pueden traer mas perjuicios que beneficios. Perjuicios, que como lo muestra este trabajo, se pueden manifestar de una manera muy veloz.
Nota: El trabajo de investigación sobre el cual se fundamenta este post fue realizado en colaboración con Fernando Núñez, Pedro Martines, Dayaleth Alfonzo, Raúl Alban, todos del P.FG. en Agroecología-UBV.
Referencias
Chayanov, A. V. 1925: La organización de la unidad económica campesina. 1985. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.
López, D. y López, J. A. Con la comida no se juega. Alternativas autogestionarias a la globalización capitalista. 2003.Traficantes de sueños movimiento.
Martines, P. Estudio comparativo mediante índices de sustentabilidad agroecológica en tres comunidades indígenas del Municipio Atures - Estado Amazonas. 2008. Tesis de grado TSU, PFG en agroecología-UBV.
Masera, O. Astier, M. y López- Ridaura, S. Sustentabilidad y manejo de recursos naturales. El marco de evaluación MESMIS. 1999. Mundi-Prensa, GIRA, UNAM, México, D.F. 160 p.
Núñez, F. Sistematización de las características agroecológicas de los conucos indígenas de las etnias Piaroa, Hiwi y Curripaco. 2008. Tesis de grado TSU, PFG en agroecología-UBV.
martes, 4 de agosto de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
Los agrovenenos matan gente
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Si estas interesad@ en obtener mas información sobre la campaña que se realiza en Venezuela para lograr la prohibición de los agrovenenos clasificados como 1a y 1b, visita la pagina del Colectivo La Patilla.
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.Si estas interesad@ en obtener mas información sobre la campaña que se realiza en Venezuela para lograr la prohibición de los agrovenenos clasificados como 1a y 1b, visita la pagina del Colectivo La Patilla.
sábado, 25 de julio de 2009
Agrovenenos: el pacto de la muerte
Diego Griffon B.

Firmarás con una pequeña gota de tu sangre.
Fausto (Goethe, 1808)
Durante la segunda mitad del siglo veinte, la humanidad firmó un pacto con una gota de sangre. En este contrato se nos prometía cosechas fabulosas y el fin del hambre. Para obtener estos beneficios, solo se nos exigió seguir al pie de la letra las indicaciones de unos científicos patrocinados por la Fundación Rockefeller. Estos científicos nos ordenaron artificializar nuestros campos de cultivo. Según ellos, para resolver nuestros problemas solo hacía falta utilizar semillas de alto potencial genético, abundante riego, mecanización y…VENENOS.
Han pasado generaciones desde que firmamos este pacto, las cosechas han aumentado, pero el hambre no ha desaparecido. Actualmente el hambre no es un problema de producción, es un problema de distribución. El sistema económico que rige el mercado de alimentos, determina que estos se dirijan hacia donde hay dinero, no hacia donde hay hambre, este es el problema de fondo. Sin embargo, existe otro problema, tal vez aun más grave. El pacto que firmamos, no es diferente del que firmó Fausto, el nuestro también comprometió nuestro futuro.
Nuestros asesores nunca nos dijeron que las grandes cosechas de la actualidad son obtenidas a expensas de las cosechas del futuro. Para ser justos con la historia, ellos tampoco estaban al tanto de esta situación, pero también es cierto que no les interesó averiguarlo. Las consecuencias del pacto que firmamos no tardaron en aparecer, Rachel Carson (1962) nos advirtió tempranamente sobre los peligros ecológicos del uso de venenos para producir alimentos. Sus advertencias motivaron el nacimiento del movimiento ecologista, pero también significaron el comienzo del lado mas oscuro de esta historia.
El libro de Carson motivó una gran reacción por parte de los sectores de la sociedad sensibilizados por la problemática ambiental. El libro también motivó la contra reacción de las compañías de agroquímicos, dueñas de las patentes de los venenos acusados. Es aquí donde nuestros asesores, los científicos agrícolas, dejan de ser inocentes. Los científicos se alinearon con los intereses de las compañías, confabulando en contra de los intereses de la sociedad. Esta situación fue claramente denunciada por Robert Van Den Bosch en un libro titulado La conspiración de los plaguicidas (1978). Lamentablemente, como lo denuncia Paul Erlich en la última edición del libro, poco han cambiado las cosas desde su primera publicación.
Sentado en una mesa de un restaurante, ¿quien se atrevería a comer de un plato al que un mesonero rociara insecticida?. Sin embargo, esto es exactamente lo que hacemos a diario. Son múltiples los resultados de investigaciones que revelan la presencia de venenos agrícolas (en concentraciones peligrosas) en nuestros alimentos. En Venezuela se han realizado algunas de estas investigaciones (Prieto et al., 2002; Ettiene et al., 2006; Quintero et al., 2008), siempre con el mismo resultado: ¡nos estamos envenenado cada vez que comemos!.
La mentira repetida una y mil veces dice que no se puede producir cosechas abundantes sin el uso de venenos. Asumir esta falsedad, pareciera ser un requisito para optar al grado de ingeniero agrónomo. Sin embargo, no existen evidencias que respalden este falso juramento hipocrático. La abrumadora mayoría de los profesionales del agro, repiten como loros esta mentira, pero ninguno puede citar evidencia concreta que la respalde. Por el contrario, son múltiples los trabajos científicos que demuestran que se pueden obtener cantidades iguales o superiores de alimentos sin necesidad de utilizar venenos (Stanhill, 1990; Badgley et al., 2008; Posner et al., 2008). El lavado de cerebro ha sido tan efectivo, que los agrónomos no reaccionan ante las mas elocuentes de las evidencias.
El modelo de la agricultura química se encuentra profundamente arraigado en la cultura agrícola, esta situación nos obliga a ser creativos en nuestra lucha por salvar al planeta. El proceso de transición desde la agricultura química hacia una agricultura sustentable, está en buena parte determinado por cuatro factores: la actitud de los agricultores, el poder de las compañías de agroquímicos, la posición que tome el gobierno y la presión que ejerzan los consumidores. Este escenario tan complejo, significa que en ocasiones no se puedan alcanzar los objetivos de fondo, en el corto plazo. A veces, para llegar a la meta, hay que hacerlo dando pequeños, pero significativos pasos.
Dada la magnitud del lavado de cerebro, para muchos agricultores es inconcebible conseguir cosechas sin recurrir al uso de venenos. Bajo esta situación, una alternativa en la lucha es impulsar la sustitución del uso de los venenos mas peligrosos por otros de menor riesgo. Se espera de esta manera, generar una espiral decreciente en la carga de agrotóxicos en nuestros suelos, agua y aire. Este proceso, puede ser acompañado, por la sustitución de venenos por productos biológicos. Finalmente, este proceso nos puede llevar a la implantación de una agricultura de base agroecológica.
Los agrovenenos son clasificados de acuerdo a su peligrosidad, los mas perjudiciales reciben la categorización de 1a y 1b por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los productos 1b son considerados altamente tóxicos y se reconocen por la presencia de una Banda Amarilla en sus etiquetas, mientras que los clasificados como 1a son reconocidos como extremadamente tóxicos y se distinguen con una Banda Roja. Un buen número de los venenos que reciben estas clasificaciones han sido prohibidos en otros países. Muchos de estos venenos han sido efectivamente relacionados con envenenamientos, contaminación de cuerpos de agua, disminución de la biodiversidad e incluso muertes.
Los venenos 1a y 1b representan, sin lugar a dudas, lo peor de la agricultura química. Lograr la prohibición de su uso, sería un logro de suma importancia. En Venezuela se cuenta con un cuerpo legal, que de ser correctamente implantado, puede prohibir el uso de estas sustancias tan peligrosas. En concreto, la Carta Magna plantea que:
La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida… (Artículo 83).
Es un derecho y un deber de cada generación proteger y mantener el ambiente en beneficio de sí misma y del mundo futuro. Toda persona tiene derecho individual y colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado… (Artículo 127).
El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población…(Artículo 305).
De igual manera, en Venezuela existen leyes especificas, desarrolladas para regular el uso de venenos y para promover la agricultura sustentable. Dentro de estas leyes, es de particular importancia la Ley de Salud Agrícola Integral. En esta ley se plantea que es función del gobierno:
Establecer los principios y las normas para la aplicación de prácticas responsables de salud animal y vegetal, que aseguren la gestión y el aprovechamiento eficaz de los recursos agrícolas respetando el ecosistema, la diversidad biológica y el patrimonio genético de la Nación (Artículo 2, numeral 9).
Proteger la diversidad biológica y los procesos ecológicos asegurando un ambiente agrícola sano y seguro (Artículo 2, numeral 9).
Promover y velar por el aprovechamiento racional, sustentable y responsable de los recursos hidrobiológicos y la protección de los ecosistemas…(Artículo 2, numeral 13).
El Ejecutivo Nacional, a través de sus órganos y entes competentes deberá aplicar ampliamente el criterio de precaución en la ordenación de la salud agrícola integral, con el fin de preservar, conservar y proteger la soberanía y seguridad agroalimentaria. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, falta de certeza científica absoluta o de información científica adecuada no será motivo para aplazar, dejar de adoptar medidas orientadas a conservar el ambiente…(Artículo 8).
Impedir que las prácticas de control zoosanitario y protección fitosanitaria perjudiquen a la fauna y flora benéfica, a los biocontroladores, al agua, al suelo, al aire y al ambiente en general… (Artículo 21, numeral 9).
A los fines de la transformación del modelo económico y social de la Nación, el Ejecutivo Nacional, a través de sus órganos y entes competentes, aplicará la agroecología como base científica de la agricultura tropical sustentable (Artículo 49).
Impedir progresivamente la producción, distribución, intercambio, comercialización y uso de insumos químicos tóxicos en los sub-sectores: vegetal, animal, forestal, acuícola y pesquero; así como plaguicidas de uso doméstico, industrial y salud pública, fomentando procesos, métodos y productos biológicos inocuos para las especies, en defensa de la diversidad biológica y la salud pública primaria de la población (Artículo 55 numeral 3).
En el cuerpo de la Ley de Salud Agrícola Integral, también se estipula que a partir del primero de Agosto (2009) se abrirá un proceso de reevaluación de los productos registrados. Esta es, sin lugar a dudas, una fecha histórica y es el momento oportuno para exigir que se prohíba la comercialización de los productos clasificados como 1a y 1b.
Es importante mencionar que, actualmente en el país solo están registrados 77 productos en la categoría 1a y 92 en la categoría 1b. Estos apenas representan el 11% del total de productos registrados. Inclusive los más radicales entre los aliados de la agricultura química, estarán de acuerdo en que, una medida de esta naturaleza, no involucraría riesgo para seguridad y soberanía agroalimentaria del país. Sin embargo, una decisión como esta, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para un gran número de niños en los campos y las ciudades.
Se aproxima una fecha histórica, es responsabilidad de todos asegurar que sea utilizada para el bien de la nación. Las personas que compartimos preocupaciones por el uso de químicos peligrosos, tenemos la responsabilidad de ayudar a cambiar la situación actual. El marco legal existente nos apoya en nuestras aspiraciones, pero es necesario asegurar que la ley sea cumplida ….está en nuestras manos comenzar a romper el pacto con la muerte.
Bibliografía
Badgley C., Moghtader, J., Quintero, E., Zakem, E., Chappell, J., Avilés-Vázquez, K., Samulon, A & Perfecto, I. 2007. Organic Agriculture and the Global Food Supply. Renewable Agriculture and Food Systems.
Carson, R. 1980. Primavera Silenciosa, Barcelona: Grijalbo.
Ettiene, G. Ortega, S. Sepulveda, J. Medina, D. Buscema, I. Sandova, L. 2006. Dissipation of Organophosphorus Pesticides in Green Onion (Allium fistulosum L), Cultivated in Forced System Called “Barbacoas” Bull. Environ. Contam. Toxicol. 76:415–421.
Goethe, J. W. 2007. Fausto. Madrid: Espasa-Calpé.
Posner, J. L. Baldock, J O. Hedtcke, J. L. 2008. Organic and Conventional Production Systems in the Wisconsin Integrated Cropping Systems Trials: I. Productivity 1990–2002. Agron J 100:253-260.
Prieto, A. Molero, D. Gonzalez, G. Buscema, I. Ettiene, G. Medina, D. 2002. Persistence of Methamidophos, Diazinon, and Malathion in Tomatoes. Bull. Environ. Contam. Toxicol. 69:479–485.
Quintero, A. Caselles, M. J. Ettiene , G. Colmenares, N. G. Ramírez, T. Medina, D. 2008. Monitoring of Organophosphorus Pesticide Residues in Vegetables of Agricultural Area in Venezuela. Bull Environ Contam Toxicol 81:393–396.
Stanhill, G. 1990. The comparative productivity of organic agriculture. Agriculture, Ecosystems and Environment 30: 1–26.
Van Den Bosch, R. 1993. La conspiración de los pesticidas. RAAA.

Firmarás con una pequeña gota de tu sangre.
Fausto (Goethe, 1808)
Durante la segunda mitad del siglo veinte, la humanidad firmó un pacto con una gota de sangre. En este contrato se nos prometía cosechas fabulosas y el fin del hambre. Para obtener estos beneficios, solo se nos exigió seguir al pie de la letra las indicaciones de unos científicos patrocinados por la Fundación Rockefeller. Estos científicos nos ordenaron artificializar nuestros campos de cultivo. Según ellos, para resolver nuestros problemas solo hacía falta utilizar semillas de alto potencial genético, abundante riego, mecanización y…VENENOS.
Han pasado generaciones desde que firmamos este pacto, las cosechas han aumentado, pero el hambre no ha desaparecido. Actualmente el hambre no es un problema de producción, es un problema de distribución. El sistema económico que rige el mercado de alimentos, determina que estos se dirijan hacia donde hay dinero, no hacia donde hay hambre, este es el problema de fondo. Sin embargo, existe otro problema, tal vez aun más grave. El pacto que firmamos, no es diferente del que firmó Fausto, el nuestro también comprometió nuestro futuro.
Nuestros asesores nunca nos dijeron que las grandes cosechas de la actualidad son obtenidas a expensas de las cosechas del futuro. Para ser justos con la historia, ellos tampoco estaban al tanto de esta situación, pero también es cierto que no les interesó averiguarlo. Las consecuencias del pacto que firmamos no tardaron en aparecer, Rachel Carson (1962) nos advirtió tempranamente sobre los peligros ecológicos del uso de venenos para producir alimentos. Sus advertencias motivaron el nacimiento del movimiento ecologista, pero también significaron el comienzo del lado mas oscuro de esta historia.
El libro de Carson motivó una gran reacción por parte de los sectores de la sociedad sensibilizados por la problemática ambiental. El libro también motivó la contra reacción de las compañías de agroquímicos, dueñas de las patentes de los venenos acusados. Es aquí donde nuestros asesores, los científicos agrícolas, dejan de ser inocentes. Los científicos se alinearon con los intereses de las compañías, confabulando en contra de los intereses de la sociedad. Esta situación fue claramente denunciada por Robert Van Den Bosch en un libro titulado La conspiración de los plaguicidas (1978). Lamentablemente, como lo denuncia Paul Erlich en la última edición del libro, poco han cambiado las cosas desde su primera publicación.
Sentado en una mesa de un restaurante, ¿quien se atrevería a comer de un plato al que un mesonero rociara insecticida?. Sin embargo, esto es exactamente lo que hacemos a diario. Son múltiples los resultados de investigaciones que revelan la presencia de venenos agrícolas (en concentraciones peligrosas) en nuestros alimentos. En Venezuela se han realizado algunas de estas investigaciones (Prieto et al., 2002; Ettiene et al., 2006; Quintero et al., 2008), siempre con el mismo resultado: ¡nos estamos envenenado cada vez que comemos!.
La mentira repetida una y mil veces dice que no se puede producir cosechas abundantes sin el uso de venenos. Asumir esta falsedad, pareciera ser un requisito para optar al grado de ingeniero agrónomo. Sin embargo, no existen evidencias que respalden este falso juramento hipocrático. La abrumadora mayoría de los profesionales del agro, repiten como loros esta mentira, pero ninguno puede citar evidencia concreta que la respalde. Por el contrario, son múltiples los trabajos científicos que demuestran que se pueden obtener cantidades iguales o superiores de alimentos sin necesidad de utilizar venenos (Stanhill, 1990; Badgley et al., 2008; Posner et al., 2008). El lavado de cerebro ha sido tan efectivo, que los agrónomos no reaccionan ante las mas elocuentes de las evidencias.
El modelo de la agricultura química se encuentra profundamente arraigado en la cultura agrícola, esta situación nos obliga a ser creativos en nuestra lucha por salvar al planeta. El proceso de transición desde la agricultura química hacia una agricultura sustentable, está en buena parte determinado por cuatro factores: la actitud de los agricultores, el poder de las compañías de agroquímicos, la posición que tome el gobierno y la presión que ejerzan los consumidores. Este escenario tan complejo, significa que en ocasiones no se puedan alcanzar los objetivos de fondo, en el corto plazo. A veces, para llegar a la meta, hay que hacerlo dando pequeños, pero significativos pasos.
Dada la magnitud del lavado de cerebro, para muchos agricultores es inconcebible conseguir cosechas sin recurrir al uso de venenos. Bajo esta situación, una alternativa en la lucha es impulsar la sustitución del uso de los venenos mas peligrosos por otros de menor riesgo. Se espera de esta manera, generar una espiral decreciente en la carga de agrotóxicos en nuestros suelos, agua y aire. Este proceso, puede ser acompañado, por la sustitución de venenos por productos biológicos. Finalmente, este proceso nos puede llevar a la implantación de una agricultura de base agroecológica.
Los agrovenenos son clasificados de acuerdo a su peligrosidad, los mas perjudiciales reciben la categorización de 1a y 1b por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los productos 1b son considerados altamente tóxicos y se reconocen por la presencia de una Banda Amarilla en sus etiquetas, mientras que los clasificados como 1a son reconocidos como extremadamente tóxicos y se distinguen con una Banda Roja. Un buen número de los venenos que reciben estas clasificaciones han sido prohibidos en otros países. Muchos de estos venenos han sido efectivamente relacionados con envenenamientos, contaminación de cuerpos de agua, disminución de la biodiversidad e incluso muertes.
Los venenos 1a y 1b representan, sin lugar a dudas, lo peor de la agricultura química. Lograr la prohibición de su uso, sería un logro de suma importancia. En Venezuela se cuenta con un cuerpo legal, que de ser correctamente implantado, puede prohibir el uso de estas sustancias tan peligrosas. En concreto, la Carta Magna plantea que:
La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como parte del derecho a la vida… (Artículo 83).
Es un derecho y un deber de cada generación proteger y mantener el ambiente en beneficio de sí misma y del mundo futuro. Toda persona tiene derecho individual y colectivamente a disfrutar de una vida y de un ambiente seguro, sano y ecológicamente equilibrado… (Artículo 127).
El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral a fin de garantizar la seguridad alimentaria de la población…(Artículo 305).
De igual manera, en Venezuela existen leyes especificas, desarrolladas para regular el uso de venenos y para promover la agricultura sustentable. Dentro de estas leyes, es de particular importancia la Ley de Salud Agrícola Integral. En esta ley se plantea que es función del gobierno:
Establecer los principios y las normas para la aplicación de prácticas responsables de salud animal y vegetal, que aseguren la gestión y el aprovechamiento eficaz de los recursos agrícolas respetando el ecosistema, la diversidad biológica y el patrimonio genético de la Nación (Artículo 2, numeral 9).
Proteger la diversidad biológica y los procesos ecológicos asegurando un ambiente agrícola sano y seguro (Artículo 2, numeral 9).
Promover y velar por el aprovechamiento racional, sustentable y responsable de los recursos hidrobiológicos y la protección de los ecosistemas…(Artículo 2, numeral 13).
El Ejecutivo Nacional, a través de sus órganos y entes competentes deberá aplicar ampliamente el criterio de precaución en la ordenación de la salud agrícola integral, con el fin de preservar, conservar y proteger la soberanía y seguridad agroalimentaria. Cuando haya peligro de daño grave o irreversible, falta de certeza científica absoluta o de información científica adecuada no será motivo para aplazar, dejar de adoptar medidas orientadas a conservar el ambiente…(Artículo 8).
Impedir que las prácticas de control zoosanitario y protección fitosanitaria perjudiquen a la fauna y flora benéfica, a los biocontroladores, al agua, al suelo, al aire y al ambiente en general… (Artículo 21, numeral 9).
A los fines de la transformación del modelo económico y social de la Nación, el Ejecutivo Nacional, a través de sus órganos y entes competentes, aplicará la agroecología como base científica de la agricultura tropical sustentable (Artículo 49).
Impedir progresivamente la producción, distribución, intercambio, comercialización y uso de insumos químicos tóxicos en los sub-sectores: vegetal, animal, forestal, acuícola y pesquero; así como plaguicidas de uso doméstico, industrial y salud pública, fomentando procesos, métodos y productos biológicos inocuos para las especies, en defensa de la diversidad biológica y la salud pública primaria de la población (Artículo 55 numeral 3).
En el cuerpo de la Ley de Salud Agrícola Integral, también se estipula que a partir del primero de Agosto (2009) se abrirá un proceso de reevaluación de los productos registrados. Esta es, sin lugar a dudas, una fecha histórica y es el momento oportuno para exigir que se prohíba la comercialización de los productos clasificados como 1a y 1b.
Es importante mencionar que, actualmente en el país solo están registrados 77 productos en la categoría 1a y 92 en la categoría 1b. Estos apenas representan el 11% del total de productos registrados. Inclusive los más radicales entre los aliados de la agricultura química, estarán de acuerdo en que, una medida de esta naturaleza, no involucraría riesgo para seguridad y soberanía agroalimentaria del país. Sin embargo, una decisión como esta, puede significar la diferencia entre la vida y la muerte para un gran número de niños en los campos y las ciudades.
Se aproxima una fecha histórica, es responsabilidad de todos asegurar que sea utilizada para el bien de la nación. Las personas que compartimos preocupaciones por el uso de químicos peligrosos, tenemos la responsabilidad de ayudar a cambiar la situación actual. El marco legal existente nos apoya en nuestras aspiraciones, pero es necesario asegurar que la ley sea cumplida ….está en nuestras manos comenzar a romper el pacto con la muerte.
Bibliografía
Badgley C., Moghtader, J., Quintero, E., Zakem, E., Chappell, J., Avilés-Vázquez, K., Samulon, A & Perfecto, I. 2007. Organic Agriculture and the Global Food Supply. Renewable Agriculture and Food Systems.
Carson, R. 1980. Primavera Silenciosa, Barcelona: Grijalbo.
Ettiene, G. Ortega, S. Sepulveda, J. Medina, D. Buscema, I. Sandova, L. 2006. Dissipation of Organophosphorus Pesticides in Green Onion (Allium fistulosum L), Cultivated in Forced System Called “Barbacoas” Bull. Environ. Contam. Toxicol. 76:415–421.
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Posner, J. L. Baldock, J O. Hedtcke, J. L. 2008. Organic and Conventional Production Systems in the Wisconsin Integrated Cropping Systems Trials: I. Productivity 1990–2002. Agron J 100:253-260.
Prieto, A. Molero, D. Gonzalez, G. Buscema, I. Ettiene, G. Medina, D. 2002. Persistence of Methamidophos, Diazinon, and Malathion in Tomatoes. Bull. Environ. Contam. Toxicol. 69:479–485.
Quintero, A. Caselles, M. J. Ettiene , G. Colmenares, N. G. Ramírez, T. Medina, D. 2008. Monitoring of Organophosphorus Pesticide Residues in Vegetables of Agricultural Area in Venezuela. Bull Environ Contam Toxicol 81:393–396.
Stanhill, G. 1990. The comparative productivity of organic agriculture. Agriculture, Ecosystems and Environment 30: 1–26.
Van Den Bosch, R. 1993. La conspiración de los pesticidas. RAAA.
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