lunes, 12 de abril de 2010

Cochabamba: Otro clima es posible

Diego Griffon B.


O establecemos una sociedad ecológica, o la sociedad desaparecerá para todos, sin importar el estatus de cada quien.
(Murray Bookchin, 1992)

Cuando miramos en el televisor documentales o noticias relacionadas con el cambio climático nos invade un sentimiento general de desasosiego. Pareciera que nos enfrentáramos al fin del mundo, por lo menos al fin del mundo que conocemos. Las reacciones son muy diversas, algunos asumen posiciones apocalípticas, conducentes a fanatismos religiosos. Otros, cada vez menos, mantienen una posición escéptica, de desconfianza. Una pequeña, pero poderosa minoría ve grandes oportunidades de negocio. Sin embargo, la gran mayoría no sabe que hacer y este sentimiento de impotencia crea frustración y desconsuelo. Es un sentimiento tan generalizado que los psicólogos se han visto obligados a crear una nueva palabra para definirlo: Solastalgia. Esta palabra expresa el dolor que se experimenta cuando existe la creencia que el lugar en el cual uno vive y ama esta bajo una inminente amenaza. Sin embargo, es precisamente en este sentimiento, sufrido por tantas personas, donde descansa la esperanza de nuestra especie.
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Existe la posibilidad real que las condiciones climáticas del planeta hagan imposible la supervivencia de muchas especies, entre ellas la nuestra. Enfrentamos un gran peligro, inédito en la historia de la humanidad. Sin embargo, es precisamente en la novedad de esta amenaza, en donde se encuentra su potencial. Nunca en nuestra historia hemos tenido evidencias tan avasallantes sobre como un modo de vida puede poner en peligro nuestra subsistencia. Tal vez ante evidencias de esta naturaleza, seamos capaces de realizar profundos cambios. Es posible que ahora se logre, lo que no se ha logrado mediante las confrontaciones de clases. Los ecólogos sociales llevan décadas señalando esta circunstancia. El movimiento global por la justicia climática también se ha percatado de esta oportunidad. Lamentablemente otros, con diferentes intenciones también se han dado cuenta.
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Ilusiones peligrosas, no se puede comprar la salida
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Los grandes grupos de poder están perfectamente al tanto de las posibles consecuencia sociales del cambio climático. El sistema se encuentra en uno de sus ciclos de crisis, recordemos: 2008 crisis de los precios de los alimentos, 2009 crisis de los mercados, 2010 crisis ambiental. La resiliencia del sistema capitalista esta comprometida, su supervivencia esta en juego.
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Los grupos hegemónicos no van a renunciar a sus privilegios para solucionar el problema. Ellos, en una actitud kamikaze, se abalanzan apresurados al fatal destino, y su miope actitud nos sentencia a todos.
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El dogma neoclásico está tan profundamente arraigado en sus mentes, que verdaderamente piensan que esta situación puede ser solucionada sin cambios radicales. No hay que menospreciar la fe que la “sociedad occidentalizada” tiene en sus dioses: la todopoderosa ciencia y el eficiente mercado. El dogma dice que ellos nos brindarán la solución. Esta es una peligrosa ilusión.
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La mentira tiene dos cabezas, se nos ha hecho creer que la ciencia lo puede todo. Como sociedad estamos de rodillas ante ella. Solo nos sentimos reconfortados cuando “un científico” (varón), nos explica algún fenómeno confuso (e.g., un Tsunami) en el televisor. No desconocemos las virtudes de la ciencia, solo señalamos los peligros presentes en la deificación de un área del saber humano. Es particularmente ingenuo pensar que la ciencia, como un deus ex machina, nos salvará del cambio climático. Por mucho que le debamos a la ciencia, la solución de la crisis climática no va a estar incluida en la cuenta. Sin embargo, esta es una de las ideas mas generalizadas. Muchos están convencidos que bombillos ahorradores, autos híbridos y agrocombustibles son suficientes para solucionar el problema.
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La otra cabeza de la mentira se manifiesta en la “fe de carbonero” en el sistema económico vigente. Muchos creen que para superar este problema basta con arreglar algunas imperfecciones del sistema actual. En particular se cree que es suficiente internalizar las externalidades ambientales en los análisis económicos. Esta aproximación, propia de la economía ambiental, es la que se encuentra detrás de los conocidos bonos de carbonos y del nefasto sistema del “cap and trade”. Es interesante observar como, mediante este mecanismo se ha logrado algo, que no se encuentra en los sueños distópicos mas extremos: privatizar el aire. Este mecanismo permite efectivamente ¡comprar el derecho a contaminar el aire!
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El monstruo detrás de estas soluciones se manifiesta cuando se unen las dos cabezas de la mentira. El resultado inevitable es pensar que comprando, cada uno individualmente “inventos verdes”, podemos salir del problema. De esta manera, la ciencia nos brinda las soluciones y el mercado las pone a nuestro alcance. Creándose de esta forma la ilusión de que podemos COMPRAR la salida de la crisis climática.
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La ciencia mercantilizada y financiada por grandes compañías nos ofrece como sumideros de carbono gigantescos desiertos verdes de árboles genéticamente modificados. También son transgénicas las semillas que se siembran en los enormes monocultivos destinados a la producción de agrocombustibles. Inclusive han regresado monstruos del pasado, grandes grupos de cabildeo están promoviendo la energía nuclear como alternativa. Todas las propuestas tienen elementos en común:
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• No toman en cuenta sus consecuencias sociales. Basta con pensar que la cantidad de maíz necesaria para llenar un tanque de automóvil con etanol, es equivalente a las calorías necesarias para alimentar a una persona durante un año (Tokar, 2009). Es una terrible ironía, que estos cultivos deban ser sembrados en países del sur global, en donde no serán utilizados para saciar el hambre de niños, sino exportados para saciar la sed de los automóviles del norte.
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• Ninguna cuestiona y mucho menos soluciona la injusticia que significa que el modo de vida del norte global este subsidiado por la miseria del sur. Por lo tanto, mantienen un sistema de inequidad que es potencialmente tan explosivo como el cambio climático.
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• Todas tienen una aproximación reduccionista a los problemas, desconociendo la complejidad de la realidad. El epítome de las propuestas hegemónicas: la geoingeniería, muestra esto claramente. Por geoingeniería se conoce la propuesta de manipular deliberadamente el clima a un nivel global. Una de las primeras iniciativas de geoingeniería involucra la fertilización de grandes extensiones de los océanos. El objetivo es incrementar las poblaciones de microorganismos marinos capaces de secuestrar carbono. Esta propuesta ya han sido ejecutada a gran escala. Los resultados (como era de esperarse) han sido completamente impredecibles, entre ellos se encuentra el aumento de la ocurrencia de peligrosas mareas rojas.
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• Están elaboradas bajo una lógica desarrollista, que supone grandes oportunidades de negocios y crecimiento económico. Lo cual desconoce el dilema básico de la economía neoclásica, aspirar a un crecimiento infinito, en un mundo de recursos finitos.
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• Todas implican la socialización de las culpas. La estrategia utilizada por las grandes transnacionales responsables del cambio climático es individualizar el problema. Esto tiene muchas connotaciones y no debe ser subestimado. Por ejemplo, se nos ha hecho creer que para solucionar el gigantesco problema de contaminación que significan las botellas de agua plásticas, basta con cambiar nuestros hábitos y utilizar botellas reutilizables. La lógica de este argumento parece incuestionable, pero tiene importantes sutilezas. En primer lugar, invierte las responsabilidades, satanizando al consumidor y no a la compañía que se enriquece contaminando el planeta. En segundo lugar, hace desaparecer mágicamente las responsabilidades de las compañías con respecto a las consecuencias que se derivan del uso de sus productos. En tercer lugar, intenta establecer subjetivamente que todos somos igualmente responsables del problema. Finalmente, la individualización de las soluciones crea la ilusión de que no es necesario construir un movimiento social para enfrentar el cambio climático. Esta es, sin lugar a dudas la ambición mas grande de los grupos hegemónicos.
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El origen del problema

Para poder encontrar la solución a cualquier problema es indispensable encontrar sus causas. De no hacer esto corremos el riesgo de luchar eternamente contra las consecuencias, sin nunca llegar a solucionar el problema. Con respecto al cambio climático existen dos niveles que debemos discutir y enfrentar.
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En un primer nivel debemos establecer claramente cual es el responsable directo del problema. En este caso no es otro que el sistema económico mundial. Este sistema logra reducir a todas las personas a simples consumidores, desconociendo de esta manera las complejidades inherentes a cualquier ser humano. En el marco de la lógica neoclásica, se reduce la complejidad del ser humano a una morisqueta conocida como Homo economicus y se asume que las necesidades materiales de la sociedad son infinitas, razón por la cual el mercado debe ofrecer infinitos productos. Esto, como ya se comentó, plantea el dilema básico de este marco teórico. Sin embargo, también es importante apreciar que esta lógica irremediablemente implica producir incrementadas cantidades de desechos, desperdicios que son fundamentalmente tratados como externalidades. De esta manera el sistema privatiza los beneficios, mientas que socializa los problemas ambientales. Esto es algo que la economía ecología ha demostrado elocuentemente.
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Dada la lógica del sistema, que plantea el crecimiento y la acumulación de capital como condición sine qua non para su existencia, es imposible en este marco abordar y solucionar las causas de fondo del problema. Las alternativas que nos proponen desde la lógica neoclásica son solo paliativas, enfocadas en algunas de las consecuencias. Es imposible que este sistema ofrezca soluciones reales, las causas del problema se encuentran en sus fundamentos básicos. El sistema no puede ser arreglado, la única opción es cambiar de sistema.
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El primer nivel es tan obvio que resulta insólito que todavía existan dudas al respecto. El segundo nivel (mas importante aún) no es para nada tan obvio. El segundo nivel que debemos afrontar son las jerarquías. No hay una forma fácil de explicar esto, aquí utilizaremos un ejemplo del cual se valió recientemente un amigo. Este es un ejemplo grueso, lleno de generalizaciones, pero presenta de manera muy intuitiva el problema. Comencemos: es por muchos conocido que el estado alemán mantiene una política de discriminación con los inmigrantes turcos, también es ampliamente conocido que el estado turco mantiene una política de discriminación con el pueblo kurdo. De forma general, se sabe que en la sociedad kurda la mujer es discriminada. Por su parte, las madres kurdas agreden en algún nivel a sus hijos e hijas, y finalmente los niños y niñas en muchos casos maltratan a sus mascotas. Es decir, existe una red intrincada de relaciones de dominación, que involucra la dominación de la naturaleza.
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Este ejemplo, que no pretende ofender la sensibilidad de ningún pueblo, podría ser levantado utilizando cualquier gentilicio o nacionalidad. El ejemplo revela algo tan generalizado que no debería ser una sorpresa para nadie: vivimos en sociedades altamente jerarquizadas, en donde se establecen relaciones de dominación. Este es nuestro dilema central, hemos creado relaciones sociales que se fundamentan en la dominación de un grupo por otro: los ricos dominan a los pobres, los mayores a los menores, un grupo religioso a otro, una etnia a otra, un género a otro, una especie al resto.
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La forma de dominación básica, primordial, es la dominación de género. Esta circunstancia esta profundamente relacionada con el cambio climático. El problema de las jerarquías es anterior a sistema capitalista, por lo tanto más profundo. Es cierto que solo en el sistema capitalista esta circunstancia alcanza las connotaciones que aquí discutimos. Pero de no ser solucionado, la espiral de la dominación siempre terminará por agredir en demasía a la naturaleza.
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Las relaciones de dominación que mantenemos en nuestras sociedades se trasladan a nuestra relación con el resto de la naturaleza. Hemos desarrollado un modo de vida fundamentado en la agresión. La idea de la “dominación de la naturaleza” esta profundamente arraigada en nuestra psique. Encontramos ejemplos de esto en todos los aspectos de nuestra vida: en nuestro modelo de agricultura, de urbanismo, de producción industrial, de entretenimiento, de educación. La creencia de que podemos dominar al resto de la naturaleza es la raíz del cambio climático. Esta creencia es una expansión subjetiva de nuestras relaciones sociales de dominación. Para solucionar el problema climático de fondo, debemos acabar con las jerarquías.
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Soluciones: Políticas prefigurativas
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La magnitud del cambio necesario para solucionar el problema puede llegar a ser intimidante. Sin embargo existen alternativas, muchas de ellas están siendo actualmente ejecutadas, las llamamos políticas prefigurativas. Sin embargo, antes de hablar de esto, se debe aclarar que los cambios necesarios solo pueden ser llevados a cabo por la gente organizada. Este es un camino que solo puede ser recorrido de abajo hacia arriba, no en sentido contrario. El fracaso de la COP15 lo demostró elocuentemente. Hemos observado durante décadas fiascos en las negociaciones climáticas. Es evidente que los gobiernos del mundo y las multilaterales no son capaces de llevar a cabo los cambios necesarios para solucionar el problema. Llegó la hora de que dejemos de delegar nuestras responsabilidades. Llegó la hora de que asumamos nuestro poder a través de la participación directa.
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Es importante que reconozcamos los errores del pasado y asúmamos que los medios deben ser coherentes con los objetivos. Esta es la lógica detrás de las políticas prefigurativas. Si nuestro objetivo es destruir las jerarquías, no podemos lograr esto utilizando estructuras jerárquicas. Este es un principio básico.
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El primer paso en la lucha contra el cambio climático, es la formación de un movimiento de base. Esta es la importancia de Cochabamba, es el lugar idóneo para comenzar la articulación del movimiento. Somos muchos y muy diversos, nuestro lema debe ser: unidad en la diversidad. Para construir nuestra unidad debemos establecer cuales son nuestras afinidades. Estas afinidades pueden ser expresadas en un conjunto de principios comunes. Esto es algo que la red por la justicia climática ha hecho, ellos han establecido como principios la solidaridad, autonomía, cooperación y acción directa.
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La acción directa es fundamental pues crea la cultura y la conciencia necesaria para ejecutar la democracia directa (la prefigura). En términos generales, tenemos dos vías de acción: la oposición ilustrada y las alternativas concretas.
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Mediante la oposición ilustrada debemos demostrar las falsedades que se encuentran detrás de las alternativas propuestas en el marco del sistema actual. Sin embargo, esto no es suficiente, no basta con demostrar que una opción no es válida, debemos plantear alternativas. Debemos demostrar que otro mundo es efectivamente posible. Es aquí donde la agroecología, la permacultura, la pareconomía y el municipalismo libertario deben ser aplicados.
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Múltiples movimientos sociales son hoy en día ejemplos de éxito. El movimiento mundial por el decrecimiento nos ha mostrado como re-escalar nuestras sociedades. El movimiento internacional de ecoaldeas muestra la potencialidad de la permacultura. La Vía Campesina nos enseña el poder de la agroecología.
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Nuestros principios en común deben guiar nuestras decisiones. La formas de organización que asumamos y las alternativas tecnológicas que adoptemos deben prefigurar el mundo que queremos. Este sencillo planteamiento simplifica mucho nuestro accionar. Cuando dudemos ante alternativas, solo debemos preguntarnos cual es coherente con nuestros principios. Estos deben ser nuestra guía en la lucha. Construyamos estos principios en conjunto en Cochabamba. La importancia de la reunión en Bolivia radica en que es un encuentro de pueblos, no de gobiernos. Creemos el movimiento de movimientos capaz de trasformar el mundo. Aprovechemos el potencial revolucionario existente en la crisis climática. Solucionemos algo más que el calentamiento global: ¡Cambiemos el sistema, no el clima!

Bookchin, M. 1992. Libertarian Municipalism: An Overview. Society & Nature. Vol. 1
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Tokar, B. 2009. Movements for Climate Action: Towards Utopia or Apocalypse? Communalism. Issue #1